Las elecciones catalanas y la política local-comarcal en Extremadura
No voy a analizar los resultados de las elecciones catalanas celebradas ayer domingo 25 de noviembre, pues ya lo hacen las redacciones de los distintos periódicos -más o menos interesados en función de su inclinación- y las ejecutivas de los partidos. Lo que sí parece confirmar es la voluntad de los ciudadanos, sea cual sea su origen regional, por la estabilidad, por la moderación, por la convivencia. Se demuestra así eso tan manido que se dice de: “el poder reside en el pueblo”.
El problema está en, precisamente, eso. El “pueblo”. El “pueblo” lo conformamos una caterva de niveles tanto desde el punto de vista económico como cultural como ideológico o desideologizado. En estas elecciones catalanas recientes hemos oído pronunciamientos de empresarios a favor de las dos tendencias claramente manifestadas: por la independencia catalana y por permanecer dentro del Estado español. También grupos de intelectuales y gente de la cultura en general han expresado sus simpatías por una u otra tendencia. Y, finalmente, el grueso de la población se ha expresado en las urnas. Y han sido éstos, el pueblo que sólo tiene voz cuando se convocan elecciones, el sector que, de manera clara ha inclinado la balanza por mantenerse dentro de España.
Los que no votamos en Cataluña nos alegramos por el resultado. El mapa de España, acostumbrado a verlo como una “piel de toro”, quedaría feo con aquel jirón en su piel, de haber ganado los nacionalistas. Ha ganado la unidad, sin tener que remontarnos a la idiosincrasia añeja del slogan “una, grande y libre”. Efectivamente, seguimos siendo una y libre (?), por lo menos. Lo que nos queda ahora es arrimar el hombro a todos para que sigamos siendo una “grande” de Europa y del mundo. Porque España, a pesar de los pesares, y aprovechándome del título de un programa televisivo es “un país para comérselo”. Es cierto que muchos no estamos de acuerdo con la política que nuestros gobernantes actuales ponen en práctica, cuando se basa en exclusiva en introducir recortes en cosas que siempre hemos considerado y conocido como conquistas irrenunciables del pasado reciente: una educación pública y gratuita, y una sanidad universal e, igualmente, gratuita.
Tampoco entendemos que un país con menso de 50 millones de habitantes y su grado de desarrollo contrastado, tenga más políticos que otras potencias europeas que le doblan en población. Y que, estos políticos de la madre patria tengan unos sueldos y unos privilegios que resultan de todo punto escandalosos. Es evidente que el capital no tiene ideología ni estómago y vemos con desafecto que estos políticos se hayan aliado con ese capital deshumanizado frente a sus votantes, a los que no tienen escrúpulo alguno en traicionar.
Y si descendemos a la política comarcal, local, de a pie de calle, vemos con preocupación que los representantes de esos partidos que nos gobiernas sean unos impresentables en cualquier sentido de la palabra. Gente en la mayoría de los casos sin preparación que se aferra a sus cargos, aunque sean temporales, como tabla de salvación para seguir ganándose unos sueldos que fuera del ámbito político no serían capaces de ganar. Es el caso de la Comarca de Trujillo. El representante político más “significado”, el alcalde de Trujillo, y a su vez Senador, ni tiene ideas para aplicar a unos vecinos-votantes acostumbrados a elevar a la categoría de excelso a la misma vulgaridad. Ni tiene ideas para sacar a su pueblo de la desidia histórica ni mucho menos para arrastrar por la senda del desarrollo y la ilusión al resto de la comarca –siendo como es y presume de serlo, Presidente de la Mancomunidad-, cuyos dirigentes están cortados por el mismo patrón de ineptitud e inmoralidad. Porque ineptitud es enrocarse en el dulce far niente y esperar a que lleguen las siguientes elecciones y ser votados para seguir en el machito cobrando un sueldo, como inmorales por su arrogancia de seguir en el puesto cuando son demostrablemente inútiles y sólo están ahí para ganarse un sueldo que, de otra manera, no serían capaces de ganar. Y esto sin entrar en profundidades.
Por todo ello, las elecciones catalanas han resultado, espero, un bálsamo para el partido en el Gobierno nacional para seguir aplicando una política de recortes que la gente en el bar, y escasamente en la calle, critica. Prometen reducir el número de asesores, parlamentarios y demás, pero sólo se queda en la letra, en el papel. ¿Hasta cuando?
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